El conflicto en Colombia: Implicaciones para la seguridad nacional ecuatoriana

Adrián Bonilla

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La percepción de la amenaza que genera Colombia en la región andina proviene de una sociedad civil fragmentada y de un estado sin capacidad de control sobre los actores políticos ni de ocupación del territorio nacional. No se trata de la inseguridad generada por políticas agresivas o competitivas en un escenario clásico realista. La violencia Colombiana es un conflicto de la post guerra fría que difícilmente admite la intermediación cooperativa para los países porque envuelve una amenaza presente y activa de distinta naturaleza y fuentes, dependiendo de la región y de los actores con los que se interrelaciona. Rebasa la percepción de capacidad de los estados nacionales que les otorga la noción de actores preeminentes del sistema internacional e involucra a muy diversos actores políticos subnacionales de distintos países: campesinos, militares, policías, empresarios, poblaciones de frontera, gobiernos locales, organizaciones de Derechos Humanos, contrabandistas, narcotraficantes, cultivadores ilegales, proveedores y comerciantes, para citar varios ejemplos de intereses que no necesariamente operan a través de prácticas violentas pero que son interpeladas por ellas.

La estrategia del gobierno colombiano consiste precisamente en internacionalizar su conflicto. El Estado colombiano apuesta a convocar a la sociedad civil internacional y a los gobiernos aliados, bajo el principio de corresponsabilidad, porque ha visualizado sus propios límites institucionales y sus capacidades. La respuesta más contundente la dieron los Estados Unidos al aprobar la emisión de mil trescientos millones de dólares que respaldarán la dimensión militar del Plan Colombia.

La posición colombiana, al menos desde el gobierno del presidente Gaviria, ha insistido en que el narcotráfico es un problema internacional,. Colombia no tiene la capacidad de resolver este problema. Su preocupación central, sin embargo, es la violencia en su propio país ligada al narcotráfico. La visión colombiana del narcotráfico es la de una amenaza transnacional a la seguridad, una expresión del crimen organizado, que trasciende fronteras. En este sentido su apreciación es casi exacta a la que hacen los Estados Unidos. No es difícil entender la complementariedad de ambas políticas exteriores para procesar este tema.

En la lógica de la seguridad nacional, los intereses del Ecuador en relación al conflicto colombiano se concentran, en primer lugar, en la contención de la violencia dentro de las fronteras de Colombia y en la profilaxis respecto a cualquier posibilidad de contaminación sobre actores locales.

La contención y profilaxis, sin embargo, no suponen necesariamente la voluntad de participar en un régimen internacional que pueda intervenir en Colombia. En este sentido, la política exterior de los países limítrofes difiere radicalmente de la de los Estados Unidos en tres aspectos fundamentales.

La prevención de la infiltración guerrillera y de los otros actores violentos es prioritaria, más importante para el Ecuador que el tema del narcotráfico ese es más bien el , el objetivo final de los Estados Unidos. La hostilidad hacia la guerrilla no tiene por objetivo estratégico la lucha contra el tráfico de drogas sino la neutralización de este actor colombiano en los respectivos territorios nacionales. Esto se debe, básicamente a la inminencia de la presencia guerrillera en zonas de frontera y a su impacto en las sociedades regionales y también al hecho de no hay una identificación clara que confunda en un mismo imaginario las políticas y prácticas de la guerrilla colombiana con las de los narcotraficantes.

El Ecuador no está interesado en ser parte del problema colombiano. No solamente que no tienen la capacidad de participar en él, sino que tampoco tienen la voluntad de involucrarse con uno de los actores, específicamente con el gobierno, mediante cooperación militar directa o ayuda económica más allá de los regímenes existentes en materia de intercambio de inteligencia siempre y cuando no sea peligroso para sus propios intereses.

El apoyo militar de Washington al ejército colombiano y su escepticismo respecto a las negociaciones con la guerrilla tiene la posibilidad de crear situaciones conflictivas en forma inmediata en todas las fronteras de Colombia. Desplazados, movilización y retirada de la guerrilla y de otras fuerzas, enfrentamientos, colapso económico de las regiones donde se siembra amapola y coca, implica para las naciones vecinas, teatros inmediatos e inevitables de conflicto.

Parecería que en la lógica de estricta conveniencia del Ecuador la política exterior estadounidense envuelve el riesgo de involucrarlo en el conflicto cuando su interés es aislarse y un régimen de seguridad andino sin la presencia estadounidense simplemente es impensable. No sólo porque ello "americanizaría" las políticas, lo cual no es necesariamente aceptable para la seguridad de esos países, sino porque tendría que involucrar a otros temas de la agenda, concretamente narcotráfico, y ello: un régimen multinacional andino para el procesamiento de este tema, en la perspectiva de seguridad que le han dado los Estados Unidos, tampoco es aceptable.

Con estos antecedentes, el presupuesto de mil trescientos millones de dólares destinados a apoyar militarmente la erradicación de cultivos implica un escenario inminente de Guerra en la frontera Norte. Cuáles son los intereses ecuatorianos? En orden de prioridades serían los siguientes:

  1. Evitar que las operaciones de actores armados en territorio ecuatoriano. Esto supone, control no solamente de las guerrillas y los narcotraficantes, sino de los paramilitares, el ejército y la policía colombianos, y una actitud de prudencia frente a las actividades estadounidenses en la región.
  2. Neutralizar los efectos de un potencial desastre humanitario: refugiados, desplazados y poblaciones con la economía colapsada en ambos lados de la frontera, son las consecuencias inevitables de un hipotético éxito de las políticas de erradicación.
  3. Consolidar el control del territorio y preservar el tejido social. La idea aquí es prevenir una "sociologización a la colombiana": trasnsferencia de prácticas violentas para el procesamiento del conflicto social a las zonas vulnerables ecuatorianas en la frontera.
  4. Mantener libre el territorio ecuatoriano de cultivos. El Ecuador no puede ganar la guerra internacional contra las drogas. Ese es un fenómeno global. No puede comprometerse a nada más que no sea mantener libre de cultivos y de drogas su propio territorio. La erradicación en el Putumayo puede desplazar la frontera agrícola de cultivos ilegales hacia el Ecuador.
  5. Preservar el medio ambiente. Las campañas de erradicación se realizan en el borde mismo de varios parques nacionales caracterizados por su megadiversidad. El uso de agentes químicos o biológicos puede destruir un recurso natural importante en el futuro del Ecuador.

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